El gol de Borgetti a Italia en el Mundial de 2002 combinó una larga posesión de México con un cabezazo de enorme dificultad. Jared marcó al minuto 34 del encuentro disputado el 13 de junio en Oita, Japón. El partido terminó 1-1, pero la trayectoria del balón ante Gianluigi Buffon dejó una de las imágenes más recordadas de aquella selección.
Para entender la jugada conviene volver unos segundos atrás. Antes del salto hubo circulación, paciencia y un pase de Cuauhtémoc Blanco. El remate fue extraordinario por sí mismo; la forma en que México lo preparó ayuda a explicar por qué Borgetti pudo intentarlo.
Los 17 pases antes del cabezazo de Borgetti
La reconstrucción de FIFA con el testimonio de Borgetti cuenta 17 pases en la acción. El recorrido comenzó en el área mexicana, cuando Rafael Márquez salió con el balón después de un ataque italiano, y terminó con el envío de Blanco hacia el delantero.
Mirar la secuencia completa cambia la lectura del gol. México fue capaz de trasladar la pelota de un extremo al otro sin renunciar al control. El centro llegó después de esa elaboración, cuando el equipo ya había encontrado una posición desde la que buscar a su rematador.
Para quien revisa el video, hay dos recorridos que seguir: el del balón hasta Blanco y el de Borgetti dentro del área. El primero necesita precisión colectiva; el segundo exige que el delantero se mueva en el momento adecuado. La asistencia conecta ambos trabajos.
Por qué el remate ante Buffon fue tan difícil
Borgetti corrió hacia el primer poste y recibió el centro con la portería a su espalda. En vez de acomodarse para un cabezazo frontal, giró el cuello para cambiar la dirección del balón. La pelota salió elevada y cruzada, lejos del alcance de Buffon.
En su repaso de grandes goles mundialistas publicado en 2026, FIFA recuperó la explicación del atacante: el giro le permitió darle efecto al remate. Esa curva fue parte del engaño para el guardameta, que vio cómo el balón terminaba dentro de la portería.
La dificultad también está en la orientación del cuerpo. Al alejarse del arco, el delantero pierde una referencia visual directa y debe calcular hacia dónde redirigir el envío. El gesto depende de coordinación, lectura del centro y control del contacto. La potencia, por sí sola, no resuelve ese problema.

Qué significó el empate para México
El equipo de Javier Aguirre sostuvo la ventaja hasta el tramo final, cuando Alessandro Del Piero igualó para Italia. Ambos avanzaron a octavos de final y México terminó como líder del Grupo G. El cabezazo había ayudado al Tri a cerrar la primera ronda por delante de una selección con figuras como Buffon y Paolo Maldini.
La siguiente fase dejó un desenlace distinto. El 17 de junio, Estados Unidos eliminó a México por 2-0 con goles de Brian McBride y Landon Donovan. La retrospectiva de Concacaf sobre esos Mundiales sitúa aquel encuentro como el primer cruce de eliminación directa entre dos selecciones de la confederación en una Copa del Mundo.
Cómo volver a mirar una jugada histórica
El final del torneo forma parte del contexto, aunque el gol conserve su propio valor. Como ocurre con la tijera de Manuel Negrete en 1986, la imagen del remate puede eclipsar la colaboración que lo hizo posible.
También vale la pena comparar esa elaboración con la transición del gol mexicano ante Alemania en 2018. Son caminos diferentes hacia una oportunidad: conservar y avanzar mediante pases o acelerar después de recuperar. En Oita, el sello fue la combinación entre una posesión larga y la capacidad de Borgetti para resolver desde una posición poco favorable.
Foto de portada: Jared Borgetti en una conferencia de prensa en Carolina del Norte, el 18 de julio de 2008. Fotografía de archivo posterior al Mundial de 2002. Foto: W. Jarrett Campbell (Wjarrettc) / Triangle Soccer Fanatics / Wikimedia Commons, CC BY 3.0. Recorte horizontal realizado con WordPress; original conservado.




